VAMPIROS EMOCIONALES.

Cuando empezamos a hacer Reiki y a controlar la energía de nuestro cuerpo, empezamos también a percibir con más intensidad la energía que nos rodea, que está en las cosas, en los ambientes y sobretodo en las personas. Cada relación que establecemos con el prójimo, se traduce en un intercambio energético en el que se establecen unos vínculos de energía que fluye de unos a otros y que nos proporcionan mucha más información que la meramente verbalizada. Todos, tenemos impresiones, sentimientos e informaciones de la persona que tenemos delante sin necesidad de haber hablado con ella o conocerla a priori.

En las relaciones con los demás, buscamos satisfacer nuestras necesidades energéticas, de manera que en ocasiones tomamos energía y en otras la damos. En una relación sana, el intercambio es mutuo, pero ocurre con frecuencia, que una de las partes da o recibe más que la otra, con lo que se produce un drenaje y una perdida de energía.

Las personas enfermas o deprimidas, demandan gran cantidad de energía y si no tenemos cuidado pueden drenarnos y dejarnos sin nuestra energía vital, lo que se traduciría en una sensación de agotamiento enorme. Lo mismo hacen los niños e incluso lugares como centros comerciales u hospitales. En muchas ocasiones ocurrirá que en presencia de estas personas necesitadas o ambientes, se abran sesiones de Reiki espontáneas y empecemos a canalizar de forma automática para compensar.

Ocurre que ciertas personas, toman la energía de otros, son los llamados vampiros emocionales. Todo el mundo conoce a alguno, son fácilmente identificables, pues son esas personas que nos dejan agotados después de relacionarnos con ellas. Puede ser un familiar, amigo, nuestra pareja, compañero de trabajo o serlo nosotros mismos. En cierta medida, todos somos en algún momento vampiros emocionales que absorbemos la energía de los que nos rodean porque estamos mal, la necesitamos y todo ocurre de manera inconsciente. El problema, es que hay personas que siempre están demandando la energía de los demás y no son capaces de generar la suya propia y mucho menos dar energía a los demás. Estas personas pueden tener personalidades depresivas, ser problemáticas, pueden ser controladoras o celosas, incapaces de estar solas y emocionalmente inseguras, personas que siempre están juzgando y quejándose de todo, lloriqueando o lamentándose de todas sus desgracias, personas obsesivas compulsivas y por lo general muy negativas, aunque no existe un perfil definido.

Estas personas, en realidad, son grandes sufridoras, que demandan mucho amor. Debemos sentir compasión, por ellas y aprovechar nuestra capacidad para canalizar energía universal para aliviarlas y ayudarlas a paliar su dolor al mismo tiempo que nos protegemos de sus ataques energéticos.

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